
“La esperanza de la Selección argentina siempre está. Cuando hay un nuevo entrenador se abren puertas y jugar con la camiseta del país siempre es lo máximo”. Motivos para ilusionarse con tener una posibilidad no le faltan, personalidad dentro y fuera de la cancha, tampoco. Y, si bien más de una vez, su carácter le jugó en contra, también le sirvió para ponerse su equipo al hombro en partidos claves. Y si a esto se le suma la reciente obtención de la Copa Libertadores su figura se agiganta.
Inexplicablemente, a sus 29 años y con un nivel entre aceptable y muy bueno a lo largo de su carrera ha tenido pocas oportunidades de demostrar su categoría en la Selección. Sobre todo teniendo en cuenta su posición, en la cual no sobran jugadores de elite, y mucho menos luego de la renuncia de Riquelme, que de todas maneras con la salida de Maradona tendría las puertas abiertas para volver.
Pero el deporte más hermoso del mundo es cuestión de gustos y parece que nunca convenció, más allá de que no sobren conductores con su habilidad y lectura del juego. Se han elegido otros sistemas con dos líneas de cuatro como en el Centenario o con tres delanteros como en el Mundial, dejando de lado el enganche, el número 10, característico históricamente del fútbol argentino pero últimamente ausente. Hoy, la Selección necesita de un jugador como Andrés D’Alessandro, y él con rendimientos se ganó la chance de por lo menos ser considerado. Ojalá la tenga.
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